Jhovany
Alexander Martínez
Departamento de Historia
Universidad de Antioquia
Rafael
Núñez: Amante
Rafael Núñez, Nació en Cartagena de Indias,
Colombia, 1825 – 1894, político colombiano, presidente de Colombia entre
1880-1882, 1884-1886 y 1886-1888.
De niño fue poco agraciado y tuvo una salud frágil,
pero siendo quinceañero participó en la guerra civil de los Supremos, en 1840.
El joven Núñez, recién graduado en leyes, inició sus labores como periodista
fundando el diario La Democracia, de corte liberal radical. Más por
conveniencia que por amor, se casó en 1851 con Dolores Gallego, con quien tuvo
dos hijos, a la par que continuaba la que sería una brillante carrera política.
Hombre de gran agudeza política, Rafael Núñez
ejerció una enorme influencia en la historia colombiana de la segunda mitad del
siglo XIX. Desde su retiro en la casona del Cabrero, con su amada Soledad, vio
pasar los únicos años sosegados de su vida y ya no regresó a Bogotá. Murió el
18 de septiembre de 1894.
El presente ensayo tiene como finalidad dar una
aproximación, a una faceta insuficientemente explorada del regenerador: la del
seductor y enamoradizo, en verdad constituye una temática arriesgada, ya que,
las fuentes que tocan este aspecto de la vida de Rafael Núñez es escaso, sin
embargo tratare de acercarme a lo propuesto.
Varias mujeres pasaron por la vida de Rafael Núñez,
entre ellas: una joven cartagenera de clase baja, atractiva y desenvuelta
jovencita cuyo nombre los historiadores callan, colma la vida del joven
estudiante Rafael Núñez.[1]
Al parecer su familia no tenía el mismo nivel social de los Núñez, cosa mal
aceptada en la tradicionalista Cartagena que se refugiaba. Se dice que ella
quedó embarazada[2] y
que Núñez quiso asumir su responsabilidad, no solo como hombre de honor sino
porque la amaba profundamente, pero el coronel impidió el matrimonio. Abusando
de su autoridad paternal, retiró de la universidad al hijo, “todavía un mozo
tímido e irresoluto” Aprovechando un viaje lo embarcó con él para Tumaco y de allí
a Panamá donde le consiguió un puesto de juez en la población de David. El
romance terminó y de la abandonada joven se supo que se casó con un amigo de
Núñez con quien formó una unión feliz de la cual nacieron dos niñas.
En Panamá Núñez, alegra sus ratos en compañía de
Manuela, hermana de Justo Arosemena político istmeño con quien consiguió una
sincera amistad. La dulce joven le brinda su cariño y lo distrae con su refrescante
conversación. Crece entre ellos una entrañable amistad que no alcanza a
convertirse en pasión. No dura mucho, pues Núñez se traslada a David a ocupar
su cargo y poco después de su partida Manuela fallece.
¡Todo acabó! Precioso meteoro
Fue tu existencia, ejemplo de virtud.
Por eso el pobre, acongojado lloro
Vierte, mirando tu glacial quietud.[3]
Fue tu existencia, ejemplo de virtud.
Por eso el pobre, acongojado lloro
Vierte, mirando tu glacial quietud.[3]
A mediados de 1847 Rafael Núñez, es llamado de
urgencia a ciudad de Panamá, su padre radicado allí, agoniza. Se reúne con él y
con su madre que ha venido apresuradamente de Cartagena. Al poco tiempo muere
el coronel. Tomás Herrera, entonces gobernador de Panamá, le presenta a su
sobrina Concepción Picón, buscando mitigar el reciente dolor del
cartagenero y, con seguridad, en procura de una buena alianza para su parienta.
Entre Rafael y la distinguida panameña surge el noviazgo y se realiza el
compromiso matrimonial. Pero la relación no fructifica, parece que Concepción
es distante y dominadora y el corazón de Núñez
como se lo ve en su poesía anhela ternura.
Rafael regresa a David, donde conoce a Dolores Gallego,
una joven proveniente de una acaudalada
familia de esta región. Se convierte en la esposa del futuro Regenerador el 13
de junio de 1851. Mujer de gran belleza, devota de las artes y diestra en el piano,
despertó en Núñez un sincero amor. Sin embargo, su carácter duro y frío,
debido, tal vez, al mal de la epilepsia, que el corto noviazgo no permitió
conocer, eventualmente alejó al marido[4]
El matrimonio es feliz en un comienzo, a los siete
años nace el primer hijo, Francisco, pero con el tiempo la diferencia de
temperamentos de los esposos se impone. El talante difícil de Dolores no mejora
a pesar de la llegada de otro hijo, Rafael. Núñez se desespera, elegido para el
Congreso, a finales de 1859, abandona sin estridencias la casa familiar en
David y parte. Fue el fin del matrimonio, no volvería a ver a Dolores.[5]
Ya en Bogotá el regenerador triunfa en la política, pero
su espíritu anhela afecto. Conoce a una joven señora que frecuenta las
tertulias literarias de la ciudad: María Gregoria de Haro de Logan, quien como
él también ha sufrido la desgracia y la infelicidad. La historia, dice Nicolás
del Castillo, ha sido injusta con ella en razón del chascarrillo que hizo
correr un malintencionado periodista haciéndola parecer como frívola y liviana,
cuando si algo pudo reprochársele fue su amor por Núñez.[6]
Era Gregoria una mujer atractiva e ilustrada, de
fácil hablar, componía poesía y amaba la literatura. Se distinguía por su
elegancia; A los 22 años conoció al futuro Regenerador. Solitarios ambos,
surgió un intenso amor aunque la conquista no fue fácil. Buen conocedor del
alma femenina el enamorado le escribía:
Hay una
cosa dentro de ti misma
Que yo alcanzo a mirar tras ese prisma
de tu aparente venturoso ser,
una cosa que a mi alma en vano ocultas
y de la tuya en lo interior sepultas
porque la mía la llegó a leer.
Que yo alcanzo a mirar tras ese prisma
de tu aparente venturoso ser,
una cosa que a mi alma en vano ocultas
y de la tuya en lo interior sepultas
porque la mía la llegó a leer.
Tiempo después, Gregoria, se separa de su marido y
hace un viaje a New York, decepcionado de la política radical promovida por sus
opositores, Núñez la siguió a Estados Unidos, allá permanecieron varios años.
En 1865 él fue nombrado cónsul en El Havre y Gregoria se le unió, e hicieron varios viajes a Paris. Poco a poco
este amor fue acabando y Núñez fue trasladado a Liverpool, en Inglaterra, y Gregoria
no se fue con él, se dice que después de esto nunca se volvieron a ver.
Gregoria fallece en Paris, el 5 de abril de 1913. Tenía cerca de 75 años.
Vuelto Núñez a Cartagena en diciembre de 1874,
siendo ya uno de los liberales más influyentes de la política nacional,
se encuentra con una vieja amiga de nombre Soledad Román. Entre estos
creció un amor y un compañerismo pausado y tranquilo fruto de la madurez,
Soledad tenía 42 años y Rafael 49. Dolores Gallego[7]
aún vivía por lo cual un matrimonio católico no podía ser, pero era la época de
la república radical en que el matrimonio civil y el divorcio vincular eran
instituciones legales. Previa obtención de la disolución civil del vínculo con
la panameña, se casaron civilmente por poder en París, en julio de 1877, a
donde Soledad había viajado con dos de sus hermanos so pretexto de buscar
consejo médico de un célebre cardiólogo. Núñez estaba entonces en Nueva York
gestionando unempréstito para el país, fue representado en la ceremonia por
Eduardo Román.[8]
Elegido presidente de la República en 1880, Rafael
Núñez viaja solo a Bogotá para no someter a Soledad Román al rechazo social,
pues el matrimonio por fuera de la Iglesia causó escándalo. En cambio ya en
1884, la segunda vez que fue presidente, Soledad permaneció con él en
Bogotá. Siempre al lado de su esposo sin desmayar, durante los
siguientes mandatos presidenciales colaboró con él y con sus amigos en la
ejecución de la política de la regeneración. Años después muerta Dolores
Gallego, pasaron su matrimonio de lo civil al matrimonio católico el 23 de
febrero de 1889.
No podemos hablar de un solo tipo de amor cuando nos
referimos a Rafael Núñez, ya que como vimos anteriormente conoció, a lo largo
de su vida, las distintas clases de amor. El amor tierno, carnal y estremecedor
de su primera conquista de seductor. La relación ambigua, mezcla de amistad y
amor, en los primero días de su exilio sentimental a Panamá (Manuela
Arosemena). El amor sin profundidad, provisorio y galante (Concepción Galante y
Herrera). El amor convencional, de mínima temperatura erótica, opaco y
mediocre, finalmente convertido en odio, y en mutuo desamor. Fue la grave equivocación
sentimental de Núñez, que termino en un ruidoso fracaso matrimonial. (Dolores
Gallego, la primera esposa). El amor de altísimo voltaje, patético,
persistente, escandaloso con un final triste y rencoroso para la amada
(Gregoria de Haro). El amor armonioso, el afecto equilibrado y maduro, acosado
por la hostilidad del ambiente, y finalmente respetado (Soledad Román).
Martin Alonzo Pinzón, en su libro: Núñez: amante y
brujo, hace un interesante análisis de la forma de amar de Núñez: es un
seductor ilustrado, reflexivo e insinuante. Esta virtualidad- es decir, lo
táctico e implícito en su estilo amatorio- de Núñez constituye el secreto de su
coquetería: el seductor cartagenero se reserva frecuentemente un repertorio de elementos
fascinantes, los cuales apenas insinúa de modo tácito. En la política como en
el amor Núñez es más lo que calla que lo que dice. Es más lo que hace que lo
que pregona. Esto es de la esencia de su teoría del amor.[9] Pinzón muestra a un Núñez, como un táctico del
amor, que a pesar de ser un hombre ‘’feo y desgarbado’’ como lo denomina,
recurre a las palabras y el misterio para enamorar a las mujeres. También propone
una comparación con el clásico Don Juan, pero rápidamente la descarta, ya que según Pinzón, el donjuán requiere de cierto atractivo físico que Núñez
no posee. Además Núñez posee cualidades
que no hacen parte del mítico hombre donjuán, correspondientes al de un hombre,
pensador y poeta.
Podemos concluir que la vida de Rafael niñez, Estuvo
atravesada por varios amores, que fue un hombre que amo intensamente, que
utilizo la palabra, (poesía) la pericia y el misterio como técnica de
conquista, lo podemos caracterizar como un estratega del amor.
Bibliografía
-Adelaida Sourdis Nájera. Mujeres que amaron a
Núñez, Revista Credencial, 06 de Marzo de 2013
-Del Castillo, Nicolás. El primer Núñez. Bogotá,
Tercer Mundo,
-Pinzón, Martin Alonso. Amante y brujo,
Cartagena 1975
[4]Del Castillo, Nicolás. El primer Núñez. Bogotá, Tercer Mundo, 1972, p. 110.
[9] Martin
Alonzo Pinzón, Núñez: amante y brujo, colección
de tribuna libre, Cartagena 1975, Pag.66.
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